¿Por qué el Simposio?
En los últimos 60-70 años, América Latina y el Caribe ha vivido experiencias y avances tecnológicos notables, en particular, mediante la adaptación de técnicas y prácticas a las condiciones tropicales. Sin embargo, la inseguridad alimentaria y el impacto negativo sobre el medio ambiente, incluidos los suelos, siguen siendo un desafío, y existen dificultades para adoptar tecnologías que se adapten a los diversos sistemas de producción, estructuras económicas y condiciones sociales regionales.
Llegar a las distintas comunidades y abordar sus necesidades específicas es una tarea compleja. Fomentar la colaboración de todas las categorías de partes interesadas en cuestiones convergentes es un paso crucial para abordar los desafíos regionales y mundiales.
Lanzada en 2015 en la COP 21 en París, la Iniciativa internacional “4 por 1000” reúne a todo tipo de partes interesadas para crear alianzas en favor de prácticas agrícolas sostenibles, centrándose en el secuestro de carbono del suelo para ayudar a enfrentar el cambio climático y fortalecer la seguridad alimentaria mediante la evolución de los sistemas alimentarios. Mientras tanto, el Consorcio Internacional de Investigación sobre el Carbono del Suelo (IRC), que se creó en noviembre de 2023, proporciona antecedentes científicos globales para abordar estos desafíos.
El carbono del suelo es un indicador clave de la salud del suelo, incluida la fertilidad y la productividad, ya que los suelos ricos en carbono retienen más nutrientes y agua para las plantas. Todas las formas de carbono del suelo, orgánico e inorgánico, desempeñan un papel importante en el ciclo global del carbono y, a través de su secuestro, los suelos se convierten en sumideros de carbono y contribuyen a la mitigación del cambio climático y a la mejora de la capacidad de adaptación y la resiliencia de los sistemas de producción agrícola, las granjas y las sociedades rurales. El carbono orgánico es fundamental para preservar la salud del suelo, apoyar la ecología del suelo y generar resiliencia en entornos naturales y agrícolas.
El suelo es el mayor depósito de carbono activo y desempeña un papel clave en la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. Mantener niveles saludables de carbono en el suelo es vital para producir alimentos, bioenergía y fibras de manera sostenible.




























